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Acto 1
En la plaza de un pueblo de Galitzia, aparece
Swanilda en la puerta de su casa, respirando el aire fresco de la
mañana, llena de vida, buscando a su novio Franz. Al no encontrarlo,
decide ponerse a bailar. En eso ve en la ventana de la casa del Dr.
Coppelius, el nuevo vecino, a Coppelia, supuestamente su hija, quien
está leyendo un libro. En un gesto de simpatía, Swanilda la invita a
bailar, pero es ignorada.
Ese día, el Alcalde anuncia que pronto obsequiará una campana a la
iglesia del pueblo y que se realizará una gran celebración. Al caer
la tarde Coppelius sale a dar un paseo y tropieza con un grupo de
traviesos muchachos. En el forcejeo, se le cae la llave de su casa.
Swanilda aprovecha esta situación, toma la llave y entra con sus
amigas a la casa del enigmático doctor para investigar lo que sucede
allí.
Franz que ha regresado aburrido, sin tener qué hacer, cuando se
dirige a la taberna, encuentra una escalera y decide entrar a la
casa de Coppelius, puesto que desde hace algún tiempo su hermosa
hija lo había cautivado.
Acto 2
Entra Swanilda con sus amigas,
curioseando con cierto miedo todo lo que tienen a su alrededor.
Se dirigen hacia donde está Coppelia y tratan de averiguar quién es
ella. Swanilda se da cuenta de que su rival, ésa que había llamado
la atención de Franz, era una muñeca mecánica y le hace mucha
gracia.
En ese momento entra Coppelius y las sorprende, pero todas huyen. Al
rato entra Franz por la ventana y enfurece al viejo doctor; pero lo
calma diciéndole que quiere pedirle la mano de su hija. Entre
brindis y brindis Coppelius narcotiza a Franz, pues ha decidido
trasladarle su energía vital a la casi real Coppelia.
Por arte de magia, el Dr. Coppelius cree haber dado vida a la muñeca
que él había creado. Esta no es otra más que Swanilda disfrazada de
Coppelia; en medio de danzas y travesuras, ella trata de despertar a
su abatido enamorado y el anciano no se lo permite. Entonces
Swanilda le dice la verdad sobre el cambio y corre a traerle la
verdadera muñeca. Coppelius, descorazonado, abraza a su muñeca y se
queda llorando; mientras tanto, Swanilda huye con Franz.
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